miércoles, 4 de julio de 2007

HOGAR,DULCE HOGAR

Hoy es miércoles y son las 15.00 horas.Estoy en Bilbao en mi casa.ya he comido y me han entrado ganas de escribir sobre un tema que no es muy popular: en casa se puede pasar muy bien.
Hace unos años,solía chatear mucho por internet con gente de todas las edades.Los viernes o sábados por la noche siempre tenía que responder a la pregunta de mi interlocutor sobre qué hacía en casa a esas horas sin ir por ahí a divertirme.La verdad es que mi respuesta siempre era la misma: en casa estaba muy a gusto.La gente no solía entenderlo muy bien,pero se callaba.O mejor dicho,cuando se enteraba de mi edad,lo entendía a su manera,claro está.Lo que entendía era que una mujer madura se quedara en casa,pues para la mayoría, el divertirse bailando,tomando algo o bebiendo como cosacos era privativo de los jóvenes o de los que,aunque no lo fueran,querían parecerlo.
Ahora quisiera decirles que las personas que tienen que trabajar cada día cara al público,rodeadas de gente y ruido,como es mi caso,pues soy profesora y doy clases a jóvenes de entre 12 y 18 años,desean escapar del bullicio y su descanso de fin de semana consiste precisamente en la tranquilidad,el silencio,leer,oir música o simplemente estar en pijama por la casa sin tener que pensar en qué van a ponerse de ropa hoy,porque hay que cambiar de vestimenta, casi cada día, para seguir la moda y no parecer menos que los compañeros o que los propios alumnos.
Sí, señores,se puede ser feliz en casa y disfrutar de la intimidad que nos falta cada día, levantarte a la hora que te apetezca,comer lo quieras,echarte la siesta,ver la tele o ponerte un video,conversar con tu familia,o si me apuras,preparar una cenita romántica con tu pareja !Qué delicia! funcionar sin reloj,sin etiquetas,sin miradas indiscretas.Hogar,dulce hogar
mil y una vez.
Para acabar,quisiera defender el derecho de cada uno a divertirse como quiera¿O es que hay una manera de hacerlo obligatoria?Lo importante es ser feliz y no voy a consentir que me digan cómo hay que serlo,o como quiere la sociedad que yo lo sea.Aquí me rebelo como lo hice cuando tenía trece años y estaba en el colegio.Allí en la hora del recreo,las chicas jugaban en el patio a un juego que se llamaba "campo quemado".Había que jugar a eso porque si no lo hacías te miraban mal.A mí no me gustaban esos tipos de juegos y me escondía en los servicios para no participar en ellos.Allí leía que era lo que me divertía,pero mi gozo no me duraba mucho porque,cuando notaban mi falta,me buscaban y me obligaban a jugar.El argumento que esgrimían las monjas era que una niña de mi edad que no jugaba como las demás era depresiva o rarita.Ah, y lo más divertido,aseguraban que me aburría al no jugar.!Qué fuerte!

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